Entender lo que te pasa no siempre es suficiente.
Quizá reconoces ciertos patrones, sabes qué situaciones te remueven o incluso puedes explicar de dónde vienen algunas de tus reacciones. Y, aún así, llegado el momento, sigues respondiendo de forma automática, casi sin darte cuenta.
Una cosa es comprender algo y otra muy distinta es poder responder de forma diferente a una situación que te activa.
Ahí es donde empieza mi trabajo.
Acompaño procesos de autoindagación que integran cuerpo, emoción, pensamiento y vínculo. Una invitación a conocerte más allá de las explicaciones que tienes sobre ti misma, a reconocer cómo respondes ante lo que te sucede y a explorar, también desde el cuerpo, otras maneras de sentir, expresarte y relacionarte.
A más conciencia,
más posibilidades de elección.
Conocerte para habitarte.
No se trata de eliminar tus respuestas automáticas, dejar de sentir miedo o conseguir que nada te afecte (sería muy complicado o directamente imposible).
Se trata de conocerte mejor. De que puedas ahondar en ti misma para reconocer cómo reaccionas, qué necesitas, qué te mueve y qué partes de ti has aprendido a esconder o controlar.
Y, sobre todo, no hacerlo solo desde la cabeza.
Tu cuerpo, tus emociones, tus pensamientos y tu manera de relacionarte forman parte de una misma experiencia. Por eso, mi enfoque integra la palabra con el movimiento, la percepción corporal, la expresión y la experimentación.
La intención es afinar tu escucha, identificar lo que sucede dentro y fuera de ti y acercarte a tus respuestas con curiosidad, dando también espacio a tu fuerza, vulnerabilidad, rabia, deseo, placer y capacidad de descansar.
No para convertirte en alguien diferente, ni mucho menos, sino para poder habitar con mayor libertad todo lo que ya eres.
Del darte cuenta a nuevas posibilidades.
Imagina que te cuesta poner límites. Tal vez hace tiempo que lo sabes y entiendes de dónde viene esa dificultad pero cuando alguien te pide algo que no quieres hacer, te pillas diciendo que sí.
En lugar de quedarnos únicamente en el porqué, podemos explorar cómo sucede.
¿Qué notas en el cuerpo? ¿Contienes la respiración? ¿Se te hace pequeña la voz? ¿Qué ocurre cuando pruebas a ocupar más espacio o decir un «no» en voz alta?
Y con esto no buscamos que de repente sepas poner límites a todo el mundo, sino experimentar nuevas posibilidades respetando tu ritmo.
Y es que, comprender algo una vez no implica haberlo integrado.
Por eso la práctica y la repetición son fundamentales en mi trabajo. Volver a experimentar, ensayar respuestas diferentes y observar cómo llevarlas a tu vida cotidiana.
Observar. Comprender. Experimentar. Practicar. Integrar.
Profundizamos sin forzar nada.
Considero que una experiencia no tiene que ser intensa, dolorosa o catártica para resultar significativa. A veces profundizar es acercarte a algo difícil. Otras veces, reconocer un límite, detenerte o pedir apoyo.
Por eso cuido los ritmos, el consentimiento y los recursos disponibles. Observo, escucho y adapto las propuestas a cada persona o grupo, sin dar por hecho que una misma herramienta funciona igual para todas las personas.
Y hay algo que me importa especialmente: que el autoconocimiento no se convierta en otra exigencia más.
Porque conocerte no debería convertirse en una búsqueda interminable de cosas que corregir. También puedes aprender a comprender tus respuestas con compasión y amabilidad.
Del darte cuenta a nuevas posibilidades.
El autoconocimiento no tiene por qué girar siempre alrededor de una herida, un conflicto o algo que necesitas resolver. El placer, el deseo, el juego, la creatividad, el descanso y la alegría también forman parte de la exploración.
En mis propuestas me interesa que haya lugar para descubrir qué te da vida, qué despierta tu entusiasmo y qué te hace sentir más libre.
La intención es ampliar tus recursos para atravesar las dificultades y también agrandar tu capacidad de disfrutar, expresarte y vivir con más posibilidades.
Una mirada integradora, en constante movimiento.
He ido construyendo mi manera de acompañar a través de años de formación, práctica profesional y recorrido personal e autoindagativo.
Se nutre de la Terapia Gestalt, el trabajo psicocorporal y bioenergético, la somática, el yoga, la meditación, la regulación emocional y del sistema nervioso, el movimiento, la música y la creatividad.
Mi metodología está en cómo integro estas disciplinas, en las experiencias que propongo y en mi modo de acompañar cada proceso.
Una mirada que sigue creciendo y transformándose conmigo.